Una potente explosión en una fábrica ilegal de petardos en Ahmedabad (Gujarat, India) ha causado la muerte de al menos ocho personas y ha dejado heridas a otras quince. El estallido, de tal intensidad que se escuchó a varios kilómetros de distancia, generó pánico entre la población y dejó a varios trabajadores atrapados bajo los escombros.

El incendio que siguió al estallido envolvió rápidamente las instalaciones. Cinco camiones de bomberos se desplazaron de urgencia al lugar y trabajaron intensamente para controlar las llamas. Los equipos de emergencia lograron rescatar a varios operarios atrapados bajo los restos del edificio y los trasladaron a un hospital cercano para recibir atención médica. Las autoridades advierten que el número de víctimas mortales podría aumentar a medida que continúan las labores de rescate.

La investigación oficial aún no ha determinado la causa exacta del incendio, aunque se baraja la posibilidad de graves infracciones de seguridad. La policía ha identificado al responsable de la fábrica como Mehul Dodiya. Según se ha revelado, la licencia del establecimiento había sido revocada, pero la actividad ilegal continuaba de forma clandestina.
El primer ministro indio, Narendra Modi, expresó sus condolencias a través de la red social X: “Extremadamente entristecido por la pérdida de vidas a causa de un accidente en una fábrica de fuegos artificiales en Ahmedabad, Gujarat. Mis pensamientos están con las familias de las víctimas en esta hora de dolor. Rezo por la pronta recuperación de los heridos”. Modi también anunció que se proporcionará una compensación económica a los afectados.

El suceso plantea serias interrogantes sobre cómo una fábrica pudo seguir operando tras la cancelación de su licencia, quiénes son los responsables y hasta qué punto las violaciones de las normas de seguridad contribuyeron a la tragedia. La investigación sigue abierta.
Este nuevo incidente se suma a otro reciente en el distrito de Virudhunagar (Tamil Nadu), donde una explosión en otra fábrica de pirotecnia dejó 20 muertos. En aquel caso, alrededor de 100 trabajadores se encontraban en el interior cuando se produjo el estallido inicial; decenas resultaron heridos con quemaduras graves al intentar escapar. El fuego se controló con dificultad porque los petardos siguieron explotando mucho después de la detonación principal. Al menos tres edificios quedaron completamente destruidos. Las autoridades atribuyeron el origen del estallido al porche delantero de la fábrica, donde los operarios manipulaban materias primas para terminar los fuegos artificiales.
La repetición de este tipo de catástrofes pone de relieve los riesgos asociados a la fabricación ilegal y sin control de material pirotécnico en el país, y refuerza la necesidad de un control más estricto sobre estas instalaciones.