Un momento de tensión extrema se vivió la noche del 25 de julio en un edificio de Benidorm, cuando un niño búlgaro de ocho años quedó colgado en la unidad de aire acondicionado de un balcón del piso 21, a más de 60 metros de altura sobre el paseo marítimo.

El incidente se produjo alrededor de las 23:00 horas. Un vecino advirtió la presencia del menor colgando precariamente del lateral del edificio y alertó al conserje, quien de inmediato avisó a los servicios de emergencia. Las imágenes del rescate, que muestran a un agente de policía extendiendo el brazo más allá del borde del balcón para sujetar al niño, se han difundido ampliamente y han generado una fuerte conmoción.

Los agentes que acudieron al lugar se encontraron con la puerta del apartamento cerrada. Para llegar hasta el menor, tuvieron que acceder primero a la vivienda contigua y desde allí alcanzar el balcón donde se encontraba el niño. Uno de los policías se inclinó peligrosamente hacia el vacío, sujetando al menor con el brazo completamente extendido, mientras su compañero le anclaba físicamente para evitar que ambos cayeran. El conserje logró finalmente aportar una copia de las llaves del apartamento turístico, lo que permitió a los agentes introducir al niño en el interior con seguridad.

Tras el rescate, los agentes inspeccionaron la vivienda y hallaron el pasaporte búlgaro del menor, así como documentación que permitió identificar al padre. Cuando este regresó al lugar, fue detenido por un presunto delito de abandono temporal de menor. El hombre declaró a la policía que había salido a hacer unas compras. Fue trasladado a la comisaría local para esclarecer los hechos.
La Policía de Benidorm emitió un comunicado en Facebook en el que relató la intervención: «Hoy no hay juego de palabras. Solo hay una historia que podría haber terminado de la peor manera posible. Anoche nuestros agentes respondieron a una llamada que alertaba de un niño en peligro extremo fuera de un apartamento del piso 21. En una imagen que lo dice todo, uno de nuestros agentes sujeta firmemente al niño. Una mano que durante unos minutos pareció una eternidad marcó la diferencia entre el peligro y la vida. La rápida actuación de nuestros agentes permitió poner al menor a salvo. Algunas noches el trabajo policial consiste en detener, denunciar o intervenir. Y algunas noches simplemente consiste en llegar a tiempo y aguantar. Anoche esa mano que sujetaba no podía fallar… y no soltó».
El menor se encuentra a salvo. El caso sigue su curso judicial mientras se investigan las circunstancias exactas que llevaron al niño a esa situación de riesgo extremo.