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COLAPSO AL 2.400%: Autoridades en alerta máxima tras la llegada masiva de más de 200 personas al día en plena crisis

Ceuta vive una situación de emergencia humanitaria y social sin precedentes. El presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, ha declarado el “estado de emergencia total” ante la llegada masiva de migrantes por vía marítima, que ha saturado por completo los centros de acogida y ha dejado a las instalaciones para menores no acompañados operando al 2.400 % de su capacidad.

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Según Vivas, en los últimos días han entrado en Ceuta más de 1.500 personas —adultos y menores— a través del mar. Las cifras diarias superan las 200 llegadas, con una media que se aproxima a las 300 personas cada 24 horas. “Los centros de recepción están saturados: no hay más espacio para nadie”, declaró el presidente en declaraciones televisadas el miércoles. A este ritmo, advirtió, la ciudad podría enfrentar un escenario comparable a la crisis de mayo de 2021, cuando más de 8.000 personas cruzaron en apenas dos días.

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Las imágenes son elocuentes. Multitudes de jóvenes y adultos se lanzan al agua desde la costa marroquí, nadan hacia las playas ceutíes, escalan las vallas perimetrales —en algunos momentos sin presencia policial— y se dispersan por las calles. Algunos gritan “¡Viva España!” al pisar territorio español. Cientos de jóvenes han sido vistos superando el perímetro de seguridad mientras las fuerzas auxiliares marroquíes se retiraban a su paso, según reportes de la agencia EFE.

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El coste humano es devastador. Vivas ha cifrado en al menos 60 los cuerpos recuperados en el mar en los últimos meses. Las autoridades españolas —Guardia Civil, Salvamento Marítimo y Cruz Roja— intervienen constantemente con embarcaciones para rescatar a quienes intentan la travesía. Mientras tanto, cientos de personas duermen a la intemperie frente a un centro de acogida ya desbordado.

El Ministerio del Interior ha anunciado que varias carteras trabajan de forma coordinada “con la máxima celeridad y eficacia”. El ministro Fernando Grande-Marlaska viajará este viernes a Ceuta para supervisar la situación. El Gobierno asegura haber reforzado los medios para garantizar la seguridad, el control migratorio y la ayuda humanitaria, y afirma que las fuerzas de seguridad marroquíes colaboran “de forma leal y permanente” para impedir salidas irregulares.

Sin embargo, Vivas exige una respuesta “decisiva, contundente, inmediata y coordinada” bajo un mando único, y reclama cambios en el marco migratorio español. Un reciente fallo del Tribunal Supremo ha establecido que los migrantes interceptados en el mar no pueden ser devueltos de forma sumaria bajo el régimen especial de rechazo en frontera de Ceuta y Melilla, a diferencia de quienes saltan la valla por tierra. El presidente ceutí considera que esta laguna jurídica debe corregirse con urgencia.

La mayoría de los que cruzan son marroquíes, junto a un reducido número de argelinos que residían en Marruecos. Activistas locales, como Omar Naji, de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, restan importancia a la sentencia del Supremo como detonante: la mayoría de los potenciales migrantes desconocería la decisión judicial. Algunos observadores, no obstante, señalan el momento del episodio —tras la reunión del presidente Pedro Sánchez con el presidente argelino Abdelmadjid Tebboune— y lo comparan con la crisis de 2021, cuando Marruecos fue acusado de relajar los controles fronterizos tras la hospitalización en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali.

Ceuta y Melilla constituyen la única frontera terrestre de la Unión Europea con África. Las oleadas periódicas de intentos de cruce han sido históricamente un punto de fricción diplomática entre Madrid y Rabat. En esta ocasión, el Gobierno español insiste en la cooperación marroquí, mientras el presidente de Ceuta habla de “emergencia nacional”.

La ciudad autónoma se encuentra al límite. Con los centros colapsados, las instalaciones para menores al 2.400 % de su capacidad y más de 200 llegadas diarias, las autoridades afrontan no solo un desafío logístico y humanitario, sino una prueba de capacidad de respuesta institucional ante un fenómeno migratorio que, una vez más, pone a prueba la frontera sur de Europa.