Una nueva embestida de orcas ha vuelto a sembrar la alarma en las costas del norte de España. Un yate de recreo se hundió a poco más de una milla de Estaca de Bares, el cabo más septentrional de la península ibérica, después de que un grupo de estos cetáceos destruyera su timón y provocara la entrada de agua.

Los dos tripulantes a bordo fueron rescatados ilesos por una embarcación privada que acudió en su ayuda e intentó remolcar el yate. El esfuerzo resultó insuficiente: la embarcación terminó desapareciendo bajo las aguas. Un helicóptero sobrevoló después la zona para comprobar posibles restos de contaminación, mientras los supervivientes eran trasladados a un pueblo cercano.
La Guardia Civil marítima y los servicios de Salvamento Marítimo confirmaron el incidente en un comunicado: «Un yate se ha hundido a 1,3 millas de Estaca de Bares como consecuencia de la entrada de agua tras una interacción con orcas. Sus dos tripulantes fueron recogidos por una embarcación a motor cercana y se encuentran a salvo».
No fue un caso aislado. El mismo día se registraron tres interacciones más en la misma zona. Mientras se prestaba asistencia al yate Idem, se conoció que otra embarcación de vela había sufrido un ataque con daños mínimos en el timón y pudo continuar hasta Viveiro. A mediodía, el velero Glatisant quedó a la deriva en la ría de Viveiro con el timón inutilizado; el buque de salvamento Alioth lo escoltó hasta puerto. Poco después, hacia las 14:30 horas, el yate Kador —con un tripulante y tres gatos a bordo— también se topó con las orcas. Aunque se despachó el buque Shaula, finalmente no necesitó ayuda y alcanzó Viveiro por sus propios medios.
Este episodio se suma a una serie de incidentes que se remontan a 2020 en el Estrecho de Gibraltar y que se han extendido por las costas de la península ibérica. En octubre del año pasado, la Fuerza Aérea portuguesa tuvo que rescatar a una familia de cinco personas —incluidos tres niños de 8, 10 y 12 años— a bordo del velero francés Ti’fare, de 11 metros, a 55 millas al sureste de Peniche. El barco fue embestido, empezó a hacer agua y los ocupantes tuvieron que abandonarlo en una balsa salvavidas antes de ser izados por un helicóptero militar. En septiembre, otro yate con cinco personas, entre ellas un ciudadano británico, se hundió al sur de Lisboa tras reiterados golpes de las orcas; las imágenes del ataque circularon ampliamente.

Expertos y autoridades marítimas siguen sin una explicación definitiva. Algunas hipótesis apuntan a que las orcas podrían estar practicando técnicas de caza, sintiéndose amenazadas o, simplemente, interactuando de forma lúdica con objetos que encuentran en su entorno. Se ha llegado a sugerir que determinados grupos habrían desarrollado comportamientos específicos, casi como un “lenguaje” de interacción con las embarcaciones. Lo que sí está claro es que el fenómeno se ha intensificado: cientos de ataques documentados han convertido estas aguas en una zona de especial vigilancia para la navegación de recreo.
Salvamento Marítimo recomienda a los patrones extremar la precaución en las zonas donde se han registrado avistamientos, reducir la velocidad y evitar acercarse a grupos de orcas. Mientras tanto, la “banda” sigue operando frente a las costas españolas, y cada nuevo incidente reabre el debate sobre cómo convivir con estos depredadores marinos sin poner en riesgo a las personas ni a los propios animales.